BLOGGER TEMPLATES - TWITTER BACKGROUNDS »

martes 10 de noviembre de 2009

En blanco


Mundos paralelos, de Daniel Estebe

No sé cuánto tiempo hace desde la última vez. Intento recordar, pero no puedo. Todo se me ha vuelto tan difuso… No sé si han pasado días, semanas o meses. Pregunto, pregunto a los que me rodean, pero me miran con ojos de asombro o me responden que si acaso he tomado algún alucinógeno. Que yo recuerde, no. Aunque poco puedo fiarme de mis recuerdos. Mi madre no deja de repetirme que vaya al médico (en el fondo quiere decir al psicólogo, creo). Y mi mujer apenas me habla, me parece que se dedica mucho al trabajo o a la niña, no estoy seguro de si anoche o anteanoche llegué a compartir mi cama con ella.

He leído mi diario para ver si puedo orientarme de algún modo. Trabajo como comercial. ¿Cómo he podido llegar a esto? Con lo mal que suena el nombre: comercial. «El tiempo es oro», eso he leído en una página. Apunté un día algo que me había dicho mi supuesto jefe: «Hay que aprovechar el tiempo, dormir es un desperdicio atroz». ¿Será eso?

Últimamente, o quizás desde hace mucho tiempo, siento los días brumosos, todos ellos se me pegan como el bochorno de una ciudad costera. Las visiones de las calles son difuminadas, creo que iguales, aunque bien podrían ser distintas. Pero he dejado de ir en coche al trabajo, me da miedo tener un accidente. Se me resecan los ojos y no distingo bien. Tampoco soy capaz de concentrarme más de diez segundos seguidos. Así que tomo el autobús, aunque me suponga someterme al sudoroso contacto de los demás pasajeros, que me parecen sonámbulos. Como yo. O tal vez sea ésa mi visión. No puedo confiar en ella.

* * *

El hombre que me ha mandado llamar me está echando la bronca. Lo que en estos momentos me traen las ondas sonoras es: «¿Pero me puede explicar cómo ha sucedido esto? ¡Es de locos! ¡Llevamos diez años sirviendo a este cliente y con sus meteduras de pata lo vamos a perder! ¿Cómo narices se ha podido despistar en cuatro ocasiones en dos meses? ¿Cómo…?». Su voz, aunque elevada de tono, me parece monótona. Creo que en algún otro instante de mi vida me habría alterado, me habrían preocupado sus palabras. Sí, supongo, por la experiencia de los años, que ése es el efecto que deberían provocarme sus gritos (me parece que debe estar gritando, los gestos de su cara son como puntiagudos y se le hincha una vena de la sien). Pero, literalmente, lo que me dice me entra por un oído y me sale por el otro. Quizás vaya a perder mi puesto. No les gustaría ni a mi mujer ni a mi madre, seguramente. Pero yo no sé qué es lo mejor en este momento. «¡Desaparezca de mi vista!». Creo que está furioso. Me dirijo a mi mesa. «¿Sabes que nos van a demandar?», me dice alguien, pero no tengo ganas de volver la cabeza para ver quién es. Un hombre, eso sí, pero estoy cansado.

* * *

No sé exactamente cómo, he ido a parar al consultorio de un psicólogo. Y me hace gracia cuando me pregunta: «¿Cuántas horas al día duerme?». ¡Y yo qué sé! ¡Vete a saber! Dice que es importante el dato. ¿Y qué le respondo? No recuerdo cuándo me duermo ni cuándo me despierto. Me figuro que, al acostarme, posiblemente cuando es de noche, cierro los ojos y luego, tal vez gracias al despertador, los abro. «¿Sueña?» Creo que constantemente. Son sueños borrosos. Estoy sospechando que más bien se trata de un pensar continuo y que los supuestos sueños no son más que una mera prolongación de mis pensamientos. ¿En qué pienso? No sé. Pienso. O, al menos, me bulle la cabeza, aunque quizás sin fin alguno, inútilmente.

¿Habrá terminado ya la sesión?

* * *

La casa está hecha un asco. Tengo la ligera impresión de que tanta porquería no había habitado antes en el piso. ¿Por qué será? Llamo a mi mujer para preguntárselo, pero no responde. ¿Estará trabajando, de compras…?

Sobre uno de los muebles, el que está en la entrada, hay un sobre. Seguramente será una factura, pero tengo curiosidad por abrirlo. Hay un papelito escrito a mano, la caligrafía me suena. Leo que ya no puede más. Que es insoportable. Que le parece que está compartiendo la vida con un muerto deambulante y que se lleva a la niña. Que consultará a un abogado. Adiós. ¿De quién será? ¿Y para quién? Busco en el sobre, pero no encuentro al destinatario.


Ésta es una aportación a Relats Conjunts

domingo 8 de noviembre de 2009

Atavío

Ventana sin cortinas...





...ventana ¿desnuda?

jueves 5 de noviembre de 2009

Palabras prohibidas


  Un Penner que da pena

La verdad sea dicha: soy una persona que profiere tacos con bastante frecuencia. Joder, coño, me cago en la leche, idiota, subnormal, gilipollas... cosas así. El Elegido (que es mi trasto de 7 años) está, entre estas enseñanzas mías y las de su padre, que tela también, bastante al día en estos términos y los toma casi como normales, aunque él mismo no los emplea demasiado, a menos que se pille un cabreo de mil demonios. Aparte de esto, tiene una notable preferencia por el uso de vocablos que utiliza con sus amiguitos y que son, por tanto, en alemán: Pimmel (pilila), Eier (huevos) y Po (culo). Los niños siempre enfocados en los bajos. También pronuncia en casa con enorme deleite las herencias masculinas paternas: polla, pilila, huevos, cojones. Y para terminar, se regodea en decir "Du Penner!" (¡Colgado!), haciendo explotar la "p" entre sus labios, cuando se quiere meter con alguien en cachondeo.

A raíz de "Penner" ha surgido un conflicto con una palabra española que se pronuncia igual: "pena". Conversación de hoy, de camino al cole, tras comprar su desayuno en la panadería y constatar que en la mochila tenía aún intacto el desayuno de ayer:

- Elegido, ¿y cómo es que no te lo comiste ayer? Te lo dejaste entero.
- Es que me olvidé, porque jugamos a un juego, que me inventé yo.
- Bueno, pues te lo saco y me lo llevaré a casa para comérmelo, que es una pena...
- ¡Sssshhh! ¡No lo digas nunca más! Que si no se van a pensar que dices lo otro...
- Joder, Elegido, que no pasa nada...
- No, no lo digas...
- Jajajajaja... ¡Elegido, eres la leche! Bueno: pues que digo que es una lástima, porque ¿ves?, aún está blandito.

En fin, ya veis: se avergüenza de que la gente de la calle se piense que yo digo "Penner". Hay que ver...

domingo 1 de noviembre de 2009

Bosque

Aunque nacida en pueblo (devenido ciudad) de pescadores, lo tuyo nunca ha sido el mar. A eso saliste como tu padre. "Yo soy de secano", decía mirando receloso la playa. Pero tampoco. De secano tampoco eras. Extraña predilección la tuya, ¿verdad?, sin herencia aparente. Aunque sospechas de un tío paterno al que apenas conoces.

En este mundo no hay países que te definan. Sólo ciertos paisajes. Lo frondoso y húmedo del bosque, lo inalcanzable del valle extendido en el horizonte, las brumas sujetas entre copas, los colores heredados, las rocas tremendas, la fuentecillas humildes, las cascadas imponentes, las iridiscencias inesperadas, lo resbaloso del musgo, lo mullido y engañoso de la hojarasca, la luz filtrada en haces aquí y allá.

Recuerdas aún esa soledad buscada. La ruta predefinida y burlada, como siempre, por tu curiosidad. Los kilómetros de más. Esa noche, pegada a tu mochila en la estrechez de un asilo mal montado. Tu dirario, tus pensamientos, iluminados bajo la linterna. Ruidos oscuros que despertaban emoción y temor a partes iguales. La cabeza torcida. La nana de la lluvia. El exceso de tu ambición con un calzado que no estaba a la altura. Y aquella ampolla inmensa, ¿recuerdas? El alto necesario en zonas indeseablemente pobladas. El reposo. La llamada. El encuentro espontáneo. El beso tímido sustituido por un abrazo. Luego, a proseguir testaruda, anhelante de puro bosque. Y lo que viene después ya no lo evocas con tanto agrado, porque te sacaron de casa con dudosos pretextos. Y lloraste.

De vez en cuando bebes de tu bosque a sorbitos. Y sabes que algún día habrás de volver y quedar definitivamente en él.

viernes 23 de octubre de 2009

Es oficial: Bloggers con voz



¡Gracias, XCar, por hacernos un logotipo insuperable!


En cada palabra que escribimos, cada frase que construímos, cada imagen que dibujamos y cada cita que compartimos, dejamos algo de nosotros. Todos los cuentos, cada verso de los poemas, un punto y seguido puesto aquí y no allí, les dicen a quienes nos leen un poquito de cómo somos. Por mucho que inventemos, o copiemos, un pedazo de otra vida, siempre estamos compartiéndonos. ¿Los motivos? Los hay de todos los colores y sabores. En la blogosfera podemos encontrar siempre un plato a nuestro gusto, un sillón colocado en el rincón perfecto, el jardín de nuestras flores favoritas, ese amor que nos hace llorar o suspirar, o el desamor que nos hierve la sangre, la lujuria, el miedo, la paz, las sonrisas, el consuelo... Nos leemos, nos comentamos, y nos vamos conociendo. Y ahora, Duschgel y Esencial os proponen que nos escuchemos. Escuchémonos jugando.

¿El nombre del juego? Bloggers con voz.
¿El propósito del juego? Divertirnos.

¿Cómo jugar?
  1. Debéis grabar un texto de tipo erótico, pero el tono puede ser cualquiera: cómico, literario, verde intenso... ¡lo que os dé la gana!
  2. En esta ronda es IMPRESCINDIBLE que los hombres lean el papel o el punto de vista de una mujer y las mujeres, el de un hombre. ¡A travestirse se ha dicho! (Tenéis suerte de que no pidamos fotos ni vídeos de vosotros mismos disfrazados, así que no os quejéis.)
  3. El texto puede ser propio (escrito por vosotros) o ajeno.
  4. Pongamos una duración máxima de grabación de 4 ó 5 minutos. Por poner algo.
  5. Y pongamos también que sea en formato mp3. Si no os es posible, ya trataremos de convertirlo.
  6. Tenéis tiempo de entregarnos las grabaciones hasta el 15 de noviembre al correo de Esencial (esencialsiempre@gmail.com) o de Duschgel (gel-de-ducha@hotmail.com). Y si las enviáis a ambas direcciones, mejor que mejor. También podéis subirlas vosotros mismos a goear.com, con lo cual necesitaremos sólo el enlace.
  7. En los días siguientes a la recepción de las grabaciones, nosotras dos haremos un post (que cada una publicará en su casa) con todas ellas. Así nos evitamos el efecto "cuentagotas" y será mucho mejor poder escuchar todas las grabaciones el mismo día.
  8. Si no sabéis qué programa de grabación utilizar, éste es recomendable y gratuito: Audacity.

Así que ya sabéis. Los que queráis repetir, los que quisisteis participar y no pudisteis, los que queréis estrenaros... ¡ya os estáis poniendo las pilas!

Aprovecho la ocasión para anunciar unos días de ausencia. Así que no os extrañéis si veis este post publicado ahí con insistencia. Os voy a echar de menos, no os quepa duda.

miércoles 21 de octubre de 2009

Voz de agua

No sé por qué, no me acaba de convencer el modo en que cantan muchas mujeres. Pero hay una con una voz y un estilo muy particulares que me encanta: Anneke Van Giersbergen. La descubrí hace poco. Dicen que fue cantante de un grupo llamado The Gathering y luego se independizó con su Agua de Annique. No he buceado demasiado en sus temas, pero hay una canción, Come wander with me, que me pone la carne de gallina. Este tema fue compuesto por Jeff Alexander para un capítulo de The Twilight Zone que llevaba el mismo nombre de la canción y que se emitió por primera vez en 1964.

No os pego más el rollo. Ya sólo os queda escuchar.




He said
Come wander with me, Love
Come wander with me
Away from this sad world
Come wander with me

He came from the sunset
He came from the sea
He came from my sorrow
And can love only me

Oh where is the wanderer
Who wandered this way
He's passed on his wandering
And will never go away

He sang of a sweet love
Of dreams that would be
But I was sworn to another
And could never be free

domingo 18 de octubre de 2009

Ausencia palpable




Su ausencia se me clavaba noche tras noche. Un par de correos electrónicos al día, una llamada de vez en cuando. Ella bien, yo bien... Pero no, la verdad es que no. Lo malo era que, si se la hubiera confesado, sólo la habría hecho sentirse impotente con todos esos miles de kilómetros interpuestos.

Fernando me lo veía a la legua cada noche, cuando me pasaba un ratito por el bar. "Joder, chaval, tú no andas fino, ¿eh? Mira que ni tienes ganas de beber. Me preocupas más que cuando te pillas la borrachera del mes, en serio". Él quería sonsacarme, pero el truco de invitarme a una ronda tampoco le funcionaba. Un día me puso un vaso de agua como prueba definitiva de mi estado y no fui consciente de ello hasta el momento de meterme en la cama, en que noté una extraña ausencia de alcohol en mi paladar. Ausencia. Otra más.

Hablar, comunicarse, eso ayuda, eso cuentan. Pero yo soy de los que no dicen ni mu cuando la cosa se tuerce. Vaya, es que tocarle las pelotas a los demás con mis neuras siempre me ha parecido una falta de delicadeza. Pero lo que sí tenia claro es que debía ponerle solución a esa pésima situación. Sólo había transcurrido una semana y aún quedaba mes y medio por delante.

¿Estaría ella pasando por el mismo trance que yo? No sé, a veces me daba por imaginarla tan campante por ahí. Normal: ciudad nueva, gente nueva, todo por descubrir, aunque lo suyo fuera temporal y laboral. Pero es que en poco tiempo puede suceder mucho. Ya ves, igual vuelve y me dice que tiene a otro más "salao" que yo. O a lo mejor ni vuelve. Pero luego me quedaba embobado mirando su foto. Y aquella mirada, sí, aquella mirada sólo era para mí. Si pudiera tan sólo tocarte...

Entonces se me ocurrió la idea cuando una mañana miraba sin ganas los anuncios del diario local: un cursillo de escultura. Sí, eso era. Ese mismo día podría asistir al salir de la oficina. En realidad sólo me interesaban los materiales, algunas técnicas. Y tenía muy claro lo que haría. Un par de días de asistencia ya me bastó para el propósito.

La noche del segundo jueves de ausencia no fui al bar. Un buen pelotón de arcilla entre mis manos sobre una mesa-taller improvisada. La foto al lado. Mirada a la masa informe, mirada a la imagen, de aquí allá, de allá aquí, los dedos pringosos resbalando, apretando, estirando, mojando, retorciendo, afinando, allanando. Se hizo muy tarde. Pero conseguí, dentro de mis posibilidades, tridimensionalizar la imagen. La envolví en paños bien húmedos.

Llego al trabajo: un correo suyo. Había llegado tarde a una reunión tras olvidar en algún sitio el maletín con esa presentación tan importante. Estrés, un mal día. Y yo, por la tarde, desenvuelvo su busto. "Estás cansada, ¿eh? Y también un poco triste, que ya sé cómo se te languidece la cara con estas historias." Me mojo los dedos, moldeo su expresión. Marco las bolsas de sus ojos, una mueca llorosa en sus labios, pómulos más demacrados. "No te preocupes, mi niña, que yo estoy aquí para consolarte". Acaricio la parte superior de la cabeza y me imagino los dedos entrelazándose en sus ocres mechones. "¿Qué dices? ¿Que si no voy al bar? No, hoy no. Que estoy cansado". Me mancho los labios al rozar levemente los suyos.

Ahí empezó el ritual diario de envolver, desenvolver, alegrarla, emocionarla, excitarla, adormecerla, preocuparla, sorprenderla, según ella me contaba o yo me figuraba. Pero, sobre todo, ese placer de tocarla, aunque fuera en material sustituto. Fernando ni me veía el pelo. Seguro que pensaba que me habría mosqueado por lo del agua.

La cadencia pausada de la ritualidad me ayudó a superar con relativa calma aquella correlación de días que se me había antojado interminable. El calendario se iba llenando pacientemente de días tachados.

Al fin, regresó. Rodeé su rostro con mis manos, palpé su tersura en cada hondonada, en cada repliegue, en cada curva. Me devolvía calidez, aroma, naturalidad en los gestos, autenticidad en la piel. "Y eso que tienes ahí envuelto, ¿qué es?" "Olvídalo, mi niña, que de lo que has tardado ya te me caes a trozos."






U2: Touch

viernes 16 de octubre de 2009

Me he encontrado algo en el buzón...

Algunos de vosotros ya sabréis que Paseante anda estos días de paseo. Ayer fui a su casa a visitarle, a ver si había vuelto, pero don Servando, el sirviente, nos comunicó que el señor no había regresado aún. Me podría haber ido, pero la verdad es que don Servando es una delicia y se ocupa de todos nosotros con gran delicadeza y dedicación. Claro, si además te sirve tapitas, vinito, cervecita y todos los diminutivos comestibles que se nos antojan, pues es normal que al final se apalaque uno ahí, y no fui yo la única que además, para más morro, se quedó a dormir.

Bueno, la cuestión es que ya esta mañana me estaba dando un poco de reparo tanto abuso (aparte de un pequeño percance en la cocina, presidida por Lucía, que se gasta muy malas pulgas) y decidí echar una ojeada a mi casa. Cuál no sería mi sorpresa al ver una nota de Paseante dentro del buzón. Por lo visto le entró la inspiración entre copa, paseo y tapa, y me dejó escrita la historia de este loro, al cual yo había dedicado un relato en el post anterior:




Como es lógico, yo he tenido a bien publicarlo en mi blog, ya que durante su ausencia no puede ocuparse de estos asuntos. ¡Que lo disfrutéis!

Mi madre murió hace unos meses. Heredé la casa y una pequeña cuenta corriente. Y el loro. A mí los animales no me interesan: yo soy libre, no quiero ataduras; ya cometí un error al casarme, y durante dos años estuve lamentándome por eso. Hasta que lo dejé. No hay marido, no hay hijos, no hay nada. Soy libre, ya lo he dicho. Estoy orgullosa de hacer lo que me da la gana siempre, de no tener que dar cuentas a nadie.

Cuando me divorcié vine a vivir con mi madre, que ya estaba en las últimas. La cuidé, no tuvo queja de mí. Ni su loro: Robin, le llamaba. Ella murió, y me sentí liberada: por ella y por mí. Mis cuidados, pulcros, distantes, la entristecían un poco. Pero qué le voy a hacer, cada uno es como es, y lo mío es la libertad.

Quedaba el loro, darle de comer, limpiarlo, aguantar sus graznidos. Primero lo saqué a la terraza: la casa ya era completamente mía. Pero eso no era suficiente, porque seguía obligada a mantenerlo. Hasta que, hace unos días, lo solté: él se me quedó mirando, creo. Yo, simplemente, cerré la puerta de la terraza y me fui al trabajo; a la vuelta ya no estaba. Por fin independiente del todo, por fin... sola. Universalmente sola. ¿Alguien sabe algo de Robin, por favor?

jueves 15 de octubre de 2009

Participación en el 130º juego literario de J. M. Tibau

Jesús M. Tibau propone cada miércoles en su blog un juego literario en el que pueden participar los bloggers que tengan ganas. Esta vez nos propone una foto a partir de la cual hay que escribir un texto de entre 100 y 200 palabras explicando la historia de este loro:





Me he pasado un poco del límite. Pero bueno, ahí va.

La verdad sea dicha: estaba hasta las plumillas de la cocotera de estar metido en esa jaulucha. Sí, muy bonito parecía todo cuando me sacaron de aquella tienda y me llevaron a su casa, y venga a hincharme a fotos. Claro, la novedad, el regalo de cumpleaños de un niño muy emocionado que tenía el gran objetivo de enseñarme a hablar. Por Dios, ¡qué plasta de criatura! Al principio aprendí algunas palabras, las repetía, el crío se regocijaba. Pero no se conformaba con eso: se empeñó en inculcarme normas gramaticales y sintácticas. Joder, ¡es que se olvidaba hasta de darme de comer con aquella obsesión! Y yo doblemente encerrado: en la jaula y en su cuarto. ¡Qué cruz! Al final acabé por no decirle ni pío. Y él con un enfurruñamiento que casi daba miedo verlo. Pero yo soy my terco.

No sé a santo de qué, un día me sacaron al jardín. Enjaulado, se entiende. Al menos pude sentir la brisilla, el sol mullidito en mis plumas, ¡qué sensación! Y así estaba yo en mis ensoñaciones cuando oí un intento de sonido muy cerquita de la cola. Me giré al instante y ante mí vi plantada una cara de pasa con ojos minúsculos y sonrisa de encías. Los labios de aquella viejecilla se arrugaron formando un punto por donde sacó aire otra vez. Adiviné sus intenciones. Y le solté un silbido nítido, de aquellos de "¡tía buena!". Y la mujer soltó una carcajada. Otra vez. Y venga. Verla ocultar los ojos y mostrar con orgullo su ausencia de dientes daba gusto. Luego un silencio. Nos miramos. Nos comprendimos. Abrió la portezuela y me posé en su dedo. Ella aceleró como pudo, resoplando a cada pesado pasito.

Ahora vivo en la calle Joaquín Costa de Barcelona. Ella me saca todos los días al balcón y se sienta conmigo a chafardear el vaivén del vecindario. Cuando pasa por ahí una chica que me gusta, le suelto uno de mis silbidos. Y mi abueleta se ríe.

Eso sí: vosotros... ¡chitón!

Dedicado a un loro
que vivía en esa misma calle en mis años mozos
y que silbaba a las muchachas al pasar.

domingo 11 de octubre de 2009

Y al fin llegó la calma

Suelos marmóreos. Atrás dejamos nuestra etiqueta social. Uniformizados ahora por la fina capa de piel que nos cubre. Nudistas a la fuerza. Apenas quedan señales del bagaje abandonado.

Salados vahos penetran vías nasales. Alguna voz perdida, a pesar del silencio impuesto. Una nueva ráfaga recarga el ambiente. Nadamos por niebla densa. Aunados por un extraño y compartido fin.

Seguimos a una nueva estación voluntaria. Andamos, nos sentamos precavidos. Untándonos de sudor mientras la arena cae. Ningún movimiento ausente de cierto dolor. Aceptamos sumisos la tortura.

Somos mera carne, imposible pensar en este estado. Al infinito se nos pierde la mirada, que ya no ve. Un calor hiriente nos deja postrados. Noventa y cinco grados. Alguien desiste, como haremos todos.

Sin reflexionar pulsamos un botón. Al acto nos despedaza el cielo con mil agujas de hielo. Urgencia en cada giro, en cada manoteo. Ni el más valiente es capaz de subyugar sus muecas. Ansiosos, corremos a resguardarnos.

Sosiego. Atmósferas azuladas nos revisten los párpados de quietud. Únicamente se oye un sonido cavernoso, alienígena, que reverbera en la columna. Nadie se mueve. Al abrir los ojos, un recuerdo urbano se representa tras el cristal como pintado al óleo.

Salimos ya. Ataviados de nuevo con nuestra condición y nuestras pretensiones. Unos y otros nos desperdigamos, abocados a un olvido mutuo. Nace la noche, despiertas ya las luces. Al fin llegó la calma.