Mundos paralelos, de Daniel Estebe
No sé cuánto tiempo hace desde la última vez. Intento recordar, pero no puedo. Todo se me ha vuelto tan difuso… No sé si han pasado días, semanas o meses. Pregunto, pregunto a los que me rodean, pero me miran con ojos de asombro o me responden que si acaso he tomado algún alucinógeno. Que yo recuerde, no. Aunque poco puedo fiarme de mis recuerdos. Mi madre no deja de repetirme que vaya al médico (en el fondo quiere decir al psicólogo, creo). Y mi mujer apenas me habla, me parece que se dedica mucho al trabajo o a la niña, no estoy seguro de si anoche o anteanoche llegué a compartir mi cama con ella.
He leído mi diario para ver si puedo orientarme de algún modo. Trabajo como comercial. ¿Cómo he podido llegar a esto? Con lo mal que suena el nombre: comercial. «El tiempo es oro», eso he leído en una página. Apunté un día algo que me había dicho mi supuesto jefe: «Hay que aprovechar el tiempo, dormir es un desperdicio atroz». ¿Será eso?
Últimamente, o quizás desde hace mucho tiempo, siento los días brumosos, todos ellos se me pegan como el bochorno de una ciudad costera. Las visiones de las calles son difuminadas, creo que iguales, aunque bien podrían ser distintas. Pero he dejado de ir en coche al trabajo, me da miedo tener un accidente. Se me resecan los ojos y no distingo bien. Tampoco soy capaz de concentrarme más de diez segundos seguidos. Así que tomo el autobús, aunque me suponga someterme al sudoroso contacto de los demás pasajeros, que me parecen sonámbulos. Como yo. O tal vez sea ésa mi visión. No puedo confiar en ella.
* * *
El hombre que me ha mandado llamar me está echando la bronca. Lo que en estos momentos me traen las ondas sonoras es: «¿Pero me puede explicar cómo ha sucedido esto? ¡Es de locos! ¡Llevamos diez años sirviendo a este cliente y con sus meteduras de pata lo vamos a perder! ¿Cómo narices se ha podido despistar en cuatro ocasiones en dos meses? ¿Cómo…?». Su voz, aunque elevada de tono, me parece monótona. Creo que en algún otro instante de mi vida me habría alterado, me habrían preocupado sus palabras. Sí, supongo, por la experiencia de los años, que ése es el efecto que deberían provocarme sus gritos (me parece que debe estar gritando, los gestos de su cara son como puntiagudos y se le hincha una vena de la sien). Pero, literalmente, lo que me dice me entra por un oído y me sale por el otro. Quizás vaya a perder mi puesto. No les gustaría ni a mi mujer ni a mi madre, seguramente. Pero yo no sé qué es lo mejor en este momento. «¡Desaparezca de mi vista!». Creo que está furioso. Me dirijo a mi mesa. «¿Sabes que nos van a demandar?», me dice alguien, pero no tengo ganas de volver la cabeza para ver quién es. Un hombre, eso sí, pero estoy cansado.
* * *
No sé exactamente cómo, he ido a parar al consultorio de un psicólogo. Y me hace gracia cuando me pregunta: «¿Cuántas horas al día duerme?». ¡Y yo qué sé! ¡Vete a saber! Dice que es importante el dato. ¿Y qué le respondo? No recuerdo cuándo me duermo ni cuándo me despierto. Me figuro que, al acostarme, posiblemente cuando es de noche, cierro los ojos y luego, tal vez gracias al despertador, los abro. «¿Sueña?» Creo que constantemente. Son sueños borrosos. Estoy sospechando que más bien se trata de un pensar continuo y que los supuestos sueños no son más que una mera prolongación de mis pensamientos. ¿En qué pienso? No sé. Pienso. O, al menos, me bulle la cabeza, aunque quizás sin fin alguno, inútilmente.
¿Habrá terminado ya la sesión?
* * *
La casa está hecha un asco. Tengo la ligera impresión de que tanta porquería no había habitado antes en el piso. ¿Por qué será? Llamo a mi mujer para preguntárselo, pero no responde. ¿Estará trabajando, de compras…?
Sobre uno de los muebles, el que está en la entrada, hay un sobre. Seguramente será una factura, pero tengo curiosidad por abrirlo. Hay un papelito escrito a mano, la caligrafía me suena. Leo que ya no puede más. Que es insoportable. Que le parece que está compartiendo la vida con un muerto deambulante y que se lleva a la niña. Que consultará a un abogado. Adiós. ¿De quién será? ¿Y para quién? Busco en el sobre, pero no encuentro al destinatario.
Ésta es una aportación a Relats Conjunts














27 comentarios:
Miraste bien el sobre ??? y con tinta invisible ??? ejjej
saludos
Muy bien esa separación de planos, esa distinción dentro/fuera, dentro/fuera, muy bien las descripción de sensaciones interiores y de las sobrevenidas, muy bien el conjunto...
Muy bien, señorita Dusch... cuando te pones, cargas de razones a los que te seguimos.
Sí, sí... de acuerdo con el Paseante... pero... yo conozco a ese tipo.
Fantàstic relatDuschgel! Que bé que escrius...
Petons!
No sé si és millor dormir o anar al psicòleg :)
Madre mía... como escribes, Dusch!!!
Me has dejado un poco melancólica. y ese cello...
Muertos vivientes.
Hay que salvarles
Besazos, preciosa
Qué angustia...
Y qué bien has transmitido.
Un beso guapa
Con más calma, he de decir que doña Duschgel es mucho más poliédrica de lo que me había imaginado, que ya era mucho. Y con calidad.
Para algunos jefes, dormir, comer, las vacaciones… son un vicio. Si el exceso de trabajo te produce secuelas, ajo, agua y un poco de resina.
Conocí a un tipo que –simplificando mucho- se dormía cuando le explicaba el trabajo.
Y muy sugerente el cuadro de Daniel Estebe, a quien no conozco de nada.
Lo único bueno para el comercial es que, al final, parece no preocuparle la situación.
Me ha entrado angustia. Si era tu intención: felicidades, lo has conseguido. Acostumbras a escribir ficción poniéndote en la piel de un personaje masculino. Me sorprende.
No se entera de nada... por dios
Besicos
Noel: No le des ideas al zombi este, que igual pilla un mechero con la intención de leer la tinta invisible, se despista y ya ha armado el incendio.
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Paseante: Esta vez fue que me "puse", porque lo escribí en el 2004. Tenía la intención de escribir algo en relación con el cuadro, pero luego me acordé del relatillo y ahora resulta que lo que he hecho es encontrar una ilustración que le pega.
En fin, Paseante, que soy mala para encajar tanto halago y luego me pongo roja. Me alegro de que te haya gustado.
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Antonio: Siempre hay alguno por ahí así, así que no me extraña.
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Joana: Gràcies, noia! Em sembla que val més que dormi i que es tiri un any sabàtic.
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Anónima: Sí, la verdad es que parecen almas en pena. Un poco terrible vivir así.
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Pandora: Espero que, a pesar de la angustia, hayas podido dormir ;)
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Antonio (2): Con lo de "ajo y agua" pienso en "a joderse y a aguantarse". Pero con la resina me he despistado. Explícamelo, anda.
El pobre comercial va tan mal que ni reacciona ya. Me pregunto cómo acabará, porque sospecho que, a ese ritmo, le pasa alguna desgracia fijo.
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Paseante (el de Barcelona): Gracias, pues ;)
En cuanto a lo del personaje masculino, ¿y por qué no? Soy tía todo el año, lo seré hasta que me muera. Está bien disfrazarse de vez en cuando. No tengo la necesidad de marcar constantemente que soy una mujer. Con la ficción podemos hacer cosas tan bárbaras como cambiar de sexo, de condición, hasta podríamos ser un jarro.
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Belén: Este hombre anda muy mal. Creo que si se lo explicáramos se quedaría (casi) igual.
Ajoderse, aguantarse y un poco de resinación. (Luis de Góngora y Argote, refiriéndose al R. Madrid - Alcorcón)
¡Gracias por la aclaración! :)
Dusch reina, m'encanta com escrius, crec que ja t'ho he dit "alguna vegada" però, ummmmm, felicitats pel boníssim relat conjunt!!! Un petó gran!
Molt bo! Molt ben explicat aquest desconeixement progressiu de la realitat exterior.
Podías haber escrito la última línea: "y esos señores de blanco con caras tan amables que se me acercan... ¿quiénes serán?
Paseante, esa última línea que propones… ¿es experiencia propia? Porque, en mi caso, sus caras no eran nada amables.
(He suprimido el comentario anterior por falta de esperiencia)
Cris: Gràcies, noia!
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Kweilan: Moltes gràcies també!
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Paseante: ¡Eso hubiera sido la guinda! XD
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Antonio: Ya te dirá algo Paseante :P
De acuerdo con Paseante (por una vez y sin que sirva de precedente) ;)
Hasta has conseguido ponerme nerviosa.
Un besazo!
Hombre, Antonio, comprenderás que con la cara de mala leche que tienes, es lógico: ya venían prevenidos.
India: Nada, pues fuera nervios, que estás de vacaciones, ¡coño!
Un beso
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Paseante: :)
No venían prevenidos; venían intoxicados por usted, Paseante. Lo que quiero –con la venia de la Dueña- es que me diga cuál es su Mutua Sanitaria. ¿Adesfas, Xanitas, Kafre? ¿Por qué a mí me mandan brutos de una sola ceja y a usted amables y melifluos efebos? Lo barato acaba saliendo caro, o bien saben sus gustos.
Jorl, ¿vives en mi casa?
Antonio: Por supuesto os concedo todas las venias para poder yo disfrutar de este vuestro espectáculo a dúo. Egoísta que soy.
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Coco: Tú vigila bien, porsiaca...
Tengo la sospecha de que esto del dormir mal y andar zombi igual es una característica de los del 19. Habrá que preguntar a Boo.
Por cierto, qué abandonado tenemos nuestro blog del 19. Hay que ver. Yo ya ni me acuerdo de los datos de inicio de sesión.
Angustia, vaya que sí, es lo que produce este relato. Muy, muy bueno. Mis felicitaciones a la autora, fuera cuando fuera que lo escribiera ;)
La locura es un proceso realmente enigmático desde muchos puntos de vista. Sin embargo, también comprensible desde otros. Como es el punto de vista del mundo en el que vivimos, que cada vez produce más locura, y de la grave.
El único consuelo que encuentro en tu personaje es su falta de conciencia con respecto a su propia locura. Pero es un consuelo amargo.
Me ha encantado.
Un besazo, artista!
Gran relat! amb vocació embrió de novel.la ...potser...enlloc d'escriure per una imatge has posat una imatge al escrit! perfecte! molt ben escrit...
Antígona: Sí, hija, ya ves. Se supone que vivimos mejor, que tenemos de todo, y luego resulta que acabamos tarados. ¡Al campo tendríamos que volver!
¡Un besazo!
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Elvira FR: Moltes gràcies, i benvinguda a la dutxa!
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